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RÉGIMEN DE EXCEPCIÓN

Injusticia a la medida

El régimen de excepción  fue aprobado por tercera ocasión  en El Salvador por 30 días más, dejando a estás alturas aproximadamente 40,000 detenciones de supuestos pandilleros. En las calles  salvadoreñas se respira un ambiente de incertidumbre y controversia; están los que apoyan al gobierno, sobre la base del impacto de la propaganda y los que sufren en carne viva las decisiones de Bukele Ortéz. Gobierna la propaganda, no se puede decir otra cosa, porque  la realidad  lo respalda, las obras sólo quedan en los discursos y en las pantallas de los smartphone o de los noticieros que siguen alimentándose de la pauta publicitaria del gobierno, que cada semana  pone una primera piedra que queda huérfana porque las demás piedras, que deberían acompañar a la obra, nunca se hacen presentes. El día a día de la capital y las zonas más populosas es el llanto y el clamor de los familiares de los capturados, de los que el gobierno no da razón; hoy, potencialmente, todos somos sujetos de encarcelamiento porque el régimen de excepción así lo permite. Mi hijo es cheff pastelero ahora con especialidad en otras ramas de la cocina, es un joven soltero con gusto por la música, la diversión y por vivir su juventud con responsabilidad pero también sin prejuicios; tiene varios tatuajes en sus brazos, su pecho y su espalda; para él, como para muchas personas es un reflejo de una generación que está descubriendo el mundo, pero al gobierno no le parece así y hoy mi hijo es un  candidato a ser detenido; sin tapujos puedo decir que cada día que sale al trabajo, que ama y disfruta, para mí es un sufrimiento esperar que llegue  y que regrese bien, es desesperante; como todo cocinero sale muy tarde de trabajar, esperarlo es otra angustia, el ansia por oír que abre la puerta del garaje es un cuento de todas las noches. Pero eso tampoco le importa al gobierno del Presidente  Bukele, como tampoco le importan los cientos de familiares que han estado acampando alrededor de los centros penales, más preocupados por saber de sus familiares que por recordar que la vida sigue, y que probablemente ya han  perdido sus trabajos, y sus  hogares porque la única misión es saber sobre el paradero de aquel padre, esposo o hijo que se llevaron las autoridades. Esta multitud de personas están al aire libre expuestos a la intemperie, a la buena de Dios, sin recursos de ningún tipo porque los dólares que se pueden conseguir pueden significar un tiempo de comida para un salvadoreño que no se sabe si vive o está muerto. Sobran los que condenan a los detenidos así como a los que buscan a sus detenidos; pero ¿por qué no pensar un segundo que para un familiar no hay delincuentes? hay hijos, seres queridos y así como quizá muchas de las capturas son justificadas, también es digno decir que muchas no lo son; también tenemos que llorar por los que han sido asesinados dentro de los penales y eran inocentes, salvadoreños que han muerto vapuleados o por la falta del medicamento para una enfermedad crónica; pero como siempre la característica de la presente administración es ocultar, poner reserva o marginar a los medios y se defienden a través de cuentas trolles en las redes sociales en dónde todo argumento es ensalzar al presidente.  El mundo se ha detenido para varios miles de salvadoreños y nada importa, no juzgo la inocencia o culpabilidad, pero si condeno la falta de transparencia del gobierno de Bukele para administrar esta crisis. 

El régimen de excepción presenta, sólo en torno a las detenciones, muchas preguntas especialmente para un sistema carcelario que ya estaba saturado con celdas para 20 reclusos que son ocupadas por 50, el hacinamiento no solo da lugar a sobrepoblación sino a todo tipo de abusos en una flagrante violación a los derechos humanos de personas que a pesar de su trasfondo delincuencial siguen teniendo derechos, aunque no sea fácil de asimilar. Dentro de la cultura del transporte en El Salvador los motoristas o cobradores de autobuses y microbuses, aún cuando las unidades van más allá de su capacidad, dicen "enmedio va vacío"; es un dicho popular y hasta jocoso, pero solo recordarle al gobierno que en cada parada de buses suben y bajan pasajeros y en el sistema penitenciario, no. 
¿Hasta dónde y cuando va a llegar el régimen de excepción? ¿Se necesita un régimen de excepción para hacer capturas? O ¿Es el régimen una justificación para violar procesos? 
Por ahora el gobierno se siente respaldado por encuestas que lo aplauden pero habrá que ver hasta cuándo y hasta dónde, mientras tanto, ni tener un trabajo, ni antecedentes penales limpios o solvencia policíal son suficientes para un sistema que ha trazado un plan más político que de justicia y seguridad. 

A seguir esperando que está generación de jóvenes pueda sobrevivir o marcharse a algún lugar a buscar como vivir medianamente sin ser perseguidos.

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