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Mar siempre.

Siempre mar siempre eterno


Los viajes al mar en temporada, siempre fueron un destino familiar seguro. 
El mar siempre inmenso, siempre más allá de la imaginación , siempre dispuesto a todos, pobres, ricos, conservadores, liberales, poetas, amantes del amor, amantes del licor, amantes del mundo.
Cada viaje que mi padre organizaba era una excursión a otro mundo. Nos acompañaban en exceso, las ganas y la necesidad, y más aún  la felicidad para flotar en el mundo hecho a la medida de mi papá. Mi madre nos llevaba de la mano del conservadurismo, mi padre era la corona de la euforia. 
Cuando no teníamos vehículo, íbamos en bus, cargando casi con la casa para poder pasarla bien, después de todo, el mar está a unos 30 minutos de San Salvador. A cada centímetro recorrido preguntábamos si ya íbamos a llegar, peleábamos por ir al lado de la ventana y mirar la línea azul que aparecía en el horizonte, era como llegar a las puertas del cielo , mis padres nos enseñaron sin saber  a amar la vida y sus momentos, a  gozar la brisa marina,  el ardiente sol . Mi padre sin desvestirse se paraba en la orilla de la playa, no sé qué pasaría en su cabeza pero se mantenía así algunos minutos y luego nos decía:  "no abusen, respeten al mar , vinimos a divertirnos,  bañense".
Comíamos a la orilla de la playa. Años después, mi papá nos pudo llevar a otros lugares, pero esos días fueron los mejores. El regreso era una tristeza mayúscula, con mis hermanos comíamos hasta el regreso para poder disfrutar más.
Gracias papá, gracias mar, siempre eterno.

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