Cada vez que pasa un vehículo, se rompe el silencio de la noche, cada vez que algún espíritu chocarrero deambula se queja la calle. Cada vez, cada día, cada noche, todos los días la calle se lamenta; el crujir se escucha que corre entre las sepulturas e inquieta a los finados con eso de las exhumaciones, a los internos del hospital vecino y a mi. Cada jueves que viajo a San Miguel me hospedó en casa de mi amiga Elida, quien vive a unos metros del origen de ese incansable "bloc, bloc". Es una tapadera de aguas lluvias que se encuentran al centro de la calle, de norte a sur en en donde la 6a. Calle Poniente cruza la Avenida Roosevelt. Allí precisamente, desde hace un año, por la premura del Carnaval de San Miguel quedó ese detallito que me arrulla el insomnio y me hace esperar la alarma para hacer mis propios ruidos. Gracias Miguel Pereira porque sin ser Migueleño igual, me desvelo y de choto.
Permanecerán los rincones infinitos guardando secretos eternos.
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